Queridos Laicos, queridos Hermanos Menesianos,
A lo largo de la historia de la vida espiritual, quien es llamado por el Señor siente, por así decirlo, que debe dar testimonio. Ayer fueron los apóstoles, mártires y santos. Tampoco hoy faltan testigos. ¿Seremos capaces de reconocerlos y escucharlos?
Así, cuatro miembros, dos laicos y dos hermanos, de la Familia menesiana compartirán con nosotros lo que alimenta su vocación. La fuerza de su testimonio proviene del hecho, como afirma Karl Jaspers, de que “el testigo no empequeñece a nadie”, sino que ilumina a quien lo acepta como compañero de viaje.