En el día de hoy celebramos las bodas de plata del Centro Antawara, fundado en 1996 con el objeto de dar respuesta a la acuciante necesidad de educación a los jóvenes de calle, jóvenes, adolescentes y niños no-escolarizados. Se los preparaba para que en el momento oportuno pudieran insertarse en el sistema escolar reglado.
Ardua fue la tarea. Muchos fueron los que lograron escribir derecho en renglones torcidos y otros no pudieron revertir su situación; pero en todas las situaciones no faltó dedicación, cariño, entrega, lucha en favor de los más desfavorecidos, los sin acceso a la educación.
Luego el contexto fue cambiando y ese programa que vio nacer a Antawara se tuvo que cerrar, no por deseo propio, sino por empuje externo. También trabajó en el campo de la inclusión de niños, niñas y adolescentes con Necesidades Educativas Especiales
Hoy sigue brindando su apoyo a niños y niñas con dificultades de aprendizaje, intentando significarlos como los que pueden, pues se sabe al servicio de la vida.
Los fundadores del Centro querían un nuevo amanecer (eso significa la voz Antawara) para los niños, niñas y adolescentes, potenciales destinatarios del programa.
Gracias Hermanos, voluntarios, jóvenes, profesores (Don Roberto), pedagogos de ayer y de hoy, Lic Flora, actual referente del proyecto, ONG SAL por la invalorable ayuda económica y afectiva que brinda y a todos los que sintonizan afectiva y efectivamente con el Centro Antawara para que siga siendo una luz en el camino de muchos.