«¡Cómo hablar de pasar el Océano a hombres que temen pasar un río
para llevar los socorros de la religión a los pobres campesinos que hablan la misma lengua,
que tienen las mismas costumbres, y que les llaman de la orilla opuesta!
El espíritu de celo y de entrega se ha debilitado entre nosotros de modo prodigioso;
cada uno quiere estar en su casa, en su parroquia, en su familia, y dormir en su cuna»
(Carta del 26 junio 1815. ATC I p. 201)
Señor toma mi vida nueva
antes de que la espera
desgaste años en mi
Estoy dispuesto a lo que quieras
no importa lo que sea
tú llámame a servir
Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras
necesiten tus ganas de vivir.
Donde falte la esperanza
donde todo sea triste
simplemente por no saber de Ti
Te doy mi corazón sincero
para gritar sin miedo
lo hermoso que es tu amor
Señor, tengo alma misionera
condúceme a la tierra
que tenga ser de vos.
Y así, en marcha iré cantando
por pueblos predicando
tu grandeza, Señor.
Tendré mis manos sin cansancio
tu historia entre mis labios
mi fuerza en la oración.
«Piense que Jesucristo ha derramado su sangre para la salvación de cada uno de estos pobres niños que le han sido confiados.»
(9.11)
Consolad a mi pueblo, dice el Señor
hablad al corazón del hombre.
Gritad que mi amor ha vencido
preparad el camino que viene tu Redentor.
YO TE HE ELEGIDO PARA AMAR
TE DOY MI FUERZA Y LUZ PARA GUIAR.
YO SOY CONSUELO EN TU MIRAR
GLORIA A DIOS.(Bis)
Consolad a mi pueblo, dice el Señor
sacad de la ceguera a mi pueblo.
Yo he sellado contigo alianza perpetua
yo soy el único Dios.
Consolad a mi pueblo, dice el Señor
mostradles el camino de libertad.
Yo os daré fuertes alas transformaré tus pisadas
en sendas de eternidad.
«Cumpla sus funciones con un gran celo y gran amor: qué dicha, qué gloria para usted haber sido llamado a cuidar de estas almas que Jesucristo ha rescatado con el precio de su sangre.» (9.04)
Tienes que encender una luz aunque sea pequeña,
si ella se apaga este mundo será una tiniebla.
Tienes que arriesgarte a creer y no cerrar más tu puerta,
vale la pena su brillo aunque sea pequeña.
No permitas que la noche invada tu vida,
hay mucha belleza en vos para que esté escondida.
No le niegues a los otros tus ojos, tu amor, tu voz, tu alegría.
No te quites libertad ni borres tu sonrisa.
Tienes que atreverte a vivir de una forma distinta.
Llenarte los ojos de amor y sembrar cada día.
Y verás como cambia este mundo cuando sin temor abras al fin tu puerta,
y mantengas prendida tu luz por pequeña que sea.
Y cuando la oscuridad te lastime muy dentro,
deja brillar tu candil que puede ser eterno.
Sólo podrás ser feliz si te atreves a amar sin medida y sin tiempo,
manteniendo la llama encendida a pesar de los vientos.
Si quieres te ayudo a cuidar tu pequeña chispa,
hasta que sea llamarada que de fuerza y vida.
Hasta que tu corazón sea un signo de amor para el que camina,
y seamos muchos los que tengamos la luz encendida.
«Oh Dios mío, acaba tu obra; salva a estos niños que nos son tan queridos. Vos los has rescatado con el precio de tu sangre; de buena gana daremos la última gota de la nuestra para salvarles. Pobres niños, les amaremos tanto más cuanto mayores sean los peligros que les amenazan. Contaremos una a una estas tiernas ovejas que has puesto bajo nuestra custodia y las defenderemos de los ataques, sin cesar renovados, a los que están expuestos. Oh Dios mío, protégelos; protégenos a todos; no esperamos nada de los hombres; en Vos sólo nuestra esperanza; no será confundida» (A. 309).
«Yo llamaba a un hermano que había huido y no podía ya escuchar su voz; hermano, ¿dónde estás? He aquí los pastores que quieren asociarte a la custodia y a la defensa de su rebaño; ¿dónde estás? He aquí los niños que te piden que les enseñes la doctrina de la salvación. Ellos piden el pan de la vida y no hay nadie para partírselo. Hermano, ¿dónde estás? He aquí a las madres inconsolables por ver a sus hijos en malas escuelas y a quienes ningún sacrificio les costaría para crear una buena escuela; pero a falta de un maestro cristiano que les haga conocer desde la primera edad los hábitos de piedad y de virtud estos pobres niños no aprenderán nunca a conocer y a amar a Dios. Hermano, ¿dónde estás?»
«Dios mío, lo sabes, a menudo a la vista de esta inmensa mies de la que habla el evangelio te pido obreros para recogerla. Señor, pido al mismo tiempo de escoger entre mil a aquellos que Tú encargarás de trabajar en esta obra, que es la tuya. Envía, envía trabajadores a tu campo, pero no a los tibios y relajados, no a hombres ambiciosos de un vil salario, prontos a traicionar a Jesucristo y su causa.»
«Se digne el Señor hacer de ustedes hombres según su corazón, entregados a su Iglesia, desprendidos de sí mismos, pobres de espíritu, humildes, celosos, dispuestos a emprender todo y a sufrir todo, para expandir su palabra, extender su reino, y alumbrar en el mundo este fuego divino que Jesucristo ha venido a traer, este fuego purificador, alimentador, este amor inmenso, inenarrable que es la vida celeste. Han sido llamados a algo grande, tengamos siempre bajo los ojos esta alta vocación para trabajar en hacernos dignos de ella»
«Yo designo al final del retiro, es decir en los últimos días de agosto, los hermanos que deben partir en septiembre para las colonias, y mi elección depende de su voluntad, entendido que no ordeno a ninguno de ellos, en virtud de la obediencia, una misión tan peligrosa; pero si son hermanos con brevet los que envío (como ha ocurrido en 1836, 1838 y 1840) su partida lleva consigo cambios múltiples, y está claro que con la mejor voluntad del mundo, no puedo con antelación regularizar todo esto, ni hacer depender mis decisiones del parecer de los comités locales y de zona» (Carta del 20 junio 1841. ATC V p. 309-310.)
«Esta fue una obra maravillosa, la más bella epopeya de los hermanos de enseñanza en país de misiones en el siglo XIX. Sostenidos por el Gobierno de París, combatidos por los colonos egoístas, habían preparado los esclavos a su emancipación. No solamente instruían por el día los niños en las clases, sino la tarde, cogían el caballo e iban a catequizar a los adultos en las plantaciones. Gracias a su apostolado, las primeras comuniones se multiplicaban, los casamientos se legitimaban, los liberados tomaban gusto al trabajo. Y cuando en 1848 los esclavos revolucionados marchaban en filas apretadas sobre Fort-de-France, el gobernador de la Martinica no encontró otro remedio para detenerles que enviarles un pequeño hermano de Bretaña» (Hno. Zind. Bulletin de l\’instutut des frères maristes des écoles. Tomo XXIV. Enero 1960)
Señor Jesús, te damos gracias
por la sublime vocación que nos has regalado.
Danos tu Espíritu para que pasemos por el mundo
haciendo el bien que tu mismo hiciste.
Que nuestra educación evangelice hoy a todos.
Que instruya a los pobres.
Que dé vista a los ciegos.
Que haga caminar a los débiles y cansados.
Concédenos vivir hoy y siempre de tal forma
que eduquemos a los ignorantes,
abramos los ojos a los niños y a los jóvenes,
sanemos a los débiles,
resucitemos a los que viven sepultados lejos de ti.
Que tu presencia en nuestra vida fraterna
nos haga capaces de realizar prodigios
en el orden espiritual para gloria tuya.
Amén
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Profesión religiosa, Vocacional - 7 de octubre de 2009 -
“Poco importa donde se haga el bien con tal de que se haga; no debemos desear más que eso.” (11.32)
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