Durante una semana (del 13 al 21 de diciembre 2008) un grupo de alumnos mayores, jóvenes ex alumnos universitarios, educadores, hermanos y familias del colegio han participado de la misión de Jume.
Jume, zona rural distante a 30 kilómetros del colegio, viene recibiendo desde hace tres años al grupo misionero de la comunidad. Allí, en medio de las viñas y fincas, la visita a las familias por medio de bicicletas; los encuentros con niños y jóvenes de la zona; las celebraciones de la fe y la vida se transforma en la expresión cotidiana de un tiempo que nos regalan y nos regalamos para compartir a Jesús.
Este año el lema de la Misión giraba en torno a la necesidad de dejar lugar en el pesebre de nuestro corazón a Jesús, pues desea nacer hoy para nuestro tiempo. Sólo necesita que le respondamos a su pregunta: ¿Cuento contigo? Fruto de esta respuesta está creciendo una comunidad eclesial, sostenida por la catequesis de los sábados, que desde hace tres años animan jóvenes de nuestra comunidad.
Otra riqueza del tiempo de misión, sumada a la vida compartida con las familias de la zona es la fuerte experiencia de vida comunitaria entre los misioneros. Una semana compartiendo alegrías, dificultades, momentos de oración, formación, trabajo común. Semana en la que hemos podido hacer experiencia concreta de cómo cuando “dos o más se reúnen en nombre de Jesús él está en medio”, generando vida y comunión, comprometiéndonos a acompañar la vida que surge.
Realidad que Juan María expresó tan bellamente y de la que queremos hacernos cargo: “¡Gracias le sean dadas a Dios! Me acerca otra vez a los niños que me había dado, ¡aún estoy en medio de ellos! De tiempo en tiempo les volveré a ver, estrecharemos más y más los lazos que nos unían, estos lazos tan queridos, que la misma muerte no podrá romper; y tengo la esperanza que, cuando nos encontremos juntos, nos reanimaremos los unos a los otros en la piedad, en el fervor, en la resolución conjunta que habíamos tomado de caminar hacia el cielo, practicando todas las virtudes que deben hacernos dignos de entrar en él algún día. Allí, ya no habrá separaciones, no habrá lágrimas; una eterna paz, una eterna alegría será el premio a nuestros esfuerzos, la recompensa a nuestros trabajos y a nuestros sacrificios.”
¡Ojalá muchos más puedan seguir haciendo experiencia de gratuidad para anunciar la presencia viva de Jesús, misionando en la propia comunidad y en donde nadie va, en las fronteras hacia donde la Providencia nos convoca y envía! ¡Gracias a todos los que hicieron posible que esta hermosa tarea de misión fuese posible!
Noticias - 23 de diciembre de 2008 -
“...evitando las contiendas, las rivalidades, las secretas envidias, las palabras de burla, todo lo que hiere, todo lo que divide y altera la caridad.” (Regla de 1835)
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