La enseñanza mutua se va extendiendo por Francia. Con todo, algunos pintan el cuadro con tintes un poco exagerados. “Su triunfo crece todos los días, marcha con pasos de gigante; recorre Europa, da la vuelta al mundo, la tierra le pertenece”.
Cierto que no faltan los impulsos y los alientos del Ministerio, cierto que la “Sociedad” fundada por Carnot como organización de reflexión es omnipresente en los centros de consulta y decisión educativas del país.
Juan María se multiplica en mil acciones para contrarrestar esos efectos. Sensibiliza al clero en retiros y reuniones sobre los peligros de ese tipo de enseñanza. Predica a las familias sobre la importancia de la educación. Les organiza para que abran escuelas para sus hijos. El 20 de setiembre de 1819 escribe un opúsculo contra la enseñanza mutua…
Pero el detonante ha sido el 20 de marzo de 1819.
En Saint-Brieuc llevan ya tiempo en una batalla escolar entre la escuela dirigida por los Hermanos de la Salle y la escuela mutua que dirige el señor Remond, formado en París. Si éste cuenta con los apoyos oficiales, los primeros gozan del calor del pueblo. Pero el 20 de marzo, el señor Remond lanza una circular. “Como tenemos aquí la escuela modelo, varios maestros y maestras han venido a ponerse al corriente del método para establecerlo en seguida en sus ciudades respectivas, de modo que en poco tiempo, tendremos varias escuelas en el departamento”.
Juan María responde de inmediato. Es hombre de respuestas rápidas. De golpe, todo lo que hasta entonces eran puras intuiciones, se le aparecen como una evidencia largo tiempo presentida. Ha sido la última abertura para dar paso a la definitiva iluminación interior. El mismo día escribe al cura de Roche-Derrien pidiéndole que le busque “sujetos para la próxima sociedad de maestros que piensa fundar lo antes posible”.
Dos meses y medio más tarde, el 6 de junio de 1819, se reúnen Juan María de la Mennais y Gabriel Deshayes y después de 8 días de estar juntos, rezando, reflexionando, firman el “tratado de unión”, por el que unen sus ideas y sus recursos humanos. Por medio de él, conjuntaban sus esfuerzos para “procurar a los niños de las clases populares, especialmente los de las zonas rurales de Bretaña, maestros sólidamente piadosos”. Así nació la Congregación de Hermanos Menesianos. Con la firma de un documento por el que dos hombres de Dios ponían en común sus intuiciones, sus esfuerzos, arrobas de fe y un puñado menguado de hombres para educar, acompañar, sostener a los jóvenes… y esperar con ellos.
Juan María convencerá a Gabriel para que lo que inicialmente éste soñaba como una organización de maestros se convirtiera en una sociedad religiosa. Y en setiembre de 1820, en Auray, un grupo de 40 a 45 jóvenes recibe el nombre de Hermanos de la Instrucción Cristiana, la Regla, DIOS SOLO como lema y pronuncian el voto de obediencia.
Al año siguiente, cuando de nuevo se reúnan para el retiro, hay un noticia familiar importante, el padre Gabriel Deshayes ha sido nombrado superior general de los Montfortianos, que en esos momentos cuentan sólo con siete miembros. Se despide de los Hermanos.
En adelante, Juan María de la Mennais va a llevar todo el peso de organización y animación de la nueva Congregación.
Juan María, Reseña de su vida y obra - 16 de septiembre de 2008 -
“Que cada uno se sienta feliz con la alegría de los demás y sufra con sus penas.” (Regla de 1835)
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