El tiempo de la novena es una oportunidad para rezar la misión, espiritualidad y pedagogía que nos dejó nuestro Padre Fundador Juan María de la Mennais. Este año al celebrar en todo el mundo los 150 Años de su Pascua, queremos fundamentalmente unirnos a él en su amor por los niños y jóvenes, por eso motivados por su invitación queremos: “Sembrar Mucho”.
Para animar la oración de cada día, se propone un esquema simple:
Otros temas a trabajar a raíz de la visita de la Cruz de los misioneros pueden ser las misiones. Aquí se puede aprovechar para trabajar la vocación misionera y rezar por ellas, en especial por el Hno. Javier. Se puede aprovechar la página de Congregación para presentar la Familia Menesiana y su obra. Otros materiales los podemos encontrar en la página de la Provincia de España.
Para los más peque contamos con el material del Copello.
Aquí sólo se propone un esquena y breves comentarios. El aterrizaje corre por cuenta de cada comunidad. Estaría muy bueno que compartamos ideas y recursos.
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“En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo».Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al Ángel: «¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?».El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios».María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Ángel se alejó”.
Ángel significa “mensajero”. “Ángel” es Dios mismo que da buenas noticias, que acompaña, que vela por los pequeños, que protege, que corrige también. La actitud del ángel es la de la presencia. Ángel es la realización en el tiempo de la Providencia de Dios.
“No será así; y a la vista de esta multitud de niños que nos llaman en su socorro, que nos piden tener piedad de su suerte, de arrancarlos del sufrimiento del que están amenazados, ningún interés humano nos retendrá; nos lanzaremos hacia ellos, los tomaremos en nuestros brazos y les diremos: queridos niños, a los que Jesús nuestro Salvador ha amado tanto, a los que se ha dignado abrazar y bendecir, venid a nosotros, permanezcan con nosotros, seremos los ángeles de la guarda de su inocencia”.
La actitud de cercanía y acogida incondicional de cada persona es esencial para ser ángel.
¿Cómo puedo ser yo ángel de mis compañeros de clase, de mi familia?
Acción:
En una frase, en una palabra sintetizo mi compromiso para ser ángel de una persona durante una semana.
(Momento para confiar las intenciones).
“Jesús sanó a todos los enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios… Él les respondió: “Vayamos a otra parte, a predicar también a las poblaciones vecinas, porque para eso he salido. Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios”.
Mucha gente busca milagros: Hechos magníficos que rompen las leyes de la naturaleza. Y confunden milagros con magia.
Los milagros de Jesús no son nada de esto, los milagros de Jesús son señales para decirnos que el Reino de Dios está llegando y que por tanto, el dominio del mal, del dolor, del sufrimiento, de la exclusión empieza a ser vencido. Jesús realiza los signos, milagros para decirnos que hay una semilla de vida sembrada en el mundo, y que esta vida, el Reino definitivo, es para todos, en espacial para la humanidad herida, excluida sumida en la miseria, el dolor y el sin sentido.
“¡Oh Dios mío, acaba tu obra! Salva a estos niños que te son tan queridos. Pobres niños, les amaremos tanto más cuanto mayores sean los peligros que le amenazan. Contaremos una a una estas tiernas ovejas que has puesto bajo nuestra custodia y las defenderemos de los ataques, sin cesar renovados, a los que están expuestos. ¡Oh Dios mío! Protégelos. Protégenos a todos”.
El corazón de Juan María se enternece al ver los niños que sufren, su preocupación es cuidar a cada niño que le es confiado con un amor semejante al de Jesús, donde todos los niños reciben el cuidado necesario para ser sanados en sus dolores y preocupaciones.
No nosotros no podemos hacer el milagro de multiplicar los panes, pero si podemos, compartiendo, hacer el milagro de que nadie pase hambre material, hambre de sentido de su vida, hambre de afecto y dignidad. No podemos curar ciegos, pero si curar de las cegueras que nos impiden ver las necesidades de nuestros hermanos.
¿Mi clase es un lugar donde curamos las heridas? (Lugar de perdón, de alegría, acogida, servicio)
Acción:
Pienso si algún gesto, palabra o acción mía hirió, lastimó a alguien. Si es así, me acerco a la persona y le pido perdón.
(Momento para confiar las intenciones).
“El Señor dijo: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, los hititas, los amorreos, los perizitas, los jivitas y los jebuseos. El clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto cómo son oprimidos por los egipcios. Ahora ve, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas».
Dios en la Biblia es Aquél a quien se le conmueven las entrañas. Y la sensibilidad espiritual busca crear en nosotros entrañas de misericordia, como Dios. El ver y oír llevan a conmoverse las entrañas. A partir de ahí sigue el actuar. Esto lo vemos claramente en el Éxodo: “He Visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos y he bajado para liberarlos”.
Jesús también obra como actúa su Padre, sus milagros y enseñanzas son un reflejo de ello. (Ej el Buen Samaritano Lc 10,25-37).
“Desde hace tiempo se observa con temblor, en la mayor parte de los niños de nuestras ciudades y, en parte, incluso en los pueblos, los signos de una inmoralidad precoz que aflige la mirada y más aún el pensamiento; parece que no existe la inocencia para los jóvenes, porque tan alto como remontamos en sus vidas la encontramos corrompida”.
La realidad que provoca a Juan María es esta: -. Nuevas generaciones crecen en la ignorancia e inmoralidad. -. La grandísima desescolarización.-. Los maestros existentes eran escasos y de mal preparados; incluso con costumbres no sanas.-. La pobreza de las familias. La indiferencia de los padres por la educación de sus hijos.
Juan María no permanece indiferente ante el abandono y dolor de los niños.
“En cuento a la caridad para con el prójimo, ¿no son los niños nuestro prójimo? ¿No es sobre todo para con ello que estamos obligados a cumplir en toda su perfección el mandamiento del amor del socorro mutuo?”.
Juan María tenía un corazón, una mirada, un oído sensible por eso dio respuesta a las necesidades de los niños.
Mirando las necesidades de tantas personas, niños, abuelos ¿Qué gesto o acción solidaria podría realizar nuestra clase?
Acción:
Realizamos un mural con propuestas solidarias. Elegimos una para llevar adelante como clase.
(Momento para confiar las intenciones).
“Jacob partió de Berseba y se dirigió hacia Jarán. De pronto llegó a un lugar, y se detuvo en él para pasar la noche, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso como almohada y se acostó allí. Entonces tuvo un sueño: vio una escalinata que estaba apoyada sobre la tierra, y cuyo extremo superior tocaba el cielo. Por ella subían y bajaban ángeles de Dios. Y el Señor, de pie junto a él, le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de Abraham, tu padre, y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra donde estás acostado. Tu descendencia será numerosa como el polvo de la tierra; te extenderás hacia el este y el oeste, el norte y el sur; y por ti y tu descendencia, se bendecirán todas las familias de la tierra. Yo estoy contigo: te protegeré dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra. No te abandonaré hasta haber cumplido todo lo que te prometo”.
Jacob se despertó de su sueño y exclamó: «¡Verdaderamente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía!». Y lleno de temor, añadió: «¡Qué temible es este lugar! Es nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo». A la madrugada del día siguiente, Jacob tomó la piedra que le había servido de almohada, la erigió como piedra conmemorativa, y derramó aceite sobre ella. Y a ese lugar, que antes se llamaba Luz, lo llamó Betel, que significa «Casa de Dios». Luego Jacob hizo este voto: «Si Dios me acompaña y me protege durante el viaje que estoy realizando, si me da pan para comer y ropa para vestirme, y si puedo regresar sano y salvo a la casa de mi padre, el Señor será mi Dios. Y esta piedra conmemorativa que acabo de erigir, será la casa de Dios. Además, le pagaré el diezmo de todo lo que me dé».
Este texto puede hacernos comprender con más claridad el contenido de la expresión nuestra escuela es un templo.
Se ha producido un quiebre en la percepción de la realidad. Ésta ha sido transfigurada. Lo que se ha visto hasta entonces como un campo donde descansar, se descubre como un lugar de presencia de Dios: Betel. Lo que era una piedra con funciones de almohada se convierte en altar, en estela conmemorativa.
Todo sigue igual en la superficie, pero se vive con una carga nueva de significado en la profundidad. Es la misma realidad, pero percibida, sentida y vivida desde otro nivel.
Del mismo modo, la escuela del tiempo de Juan María, se vivía como una profesión, como un medio de vida, como una tarea. Desde los comienzo de la aventura menesiana, el mundo de la educación cristiana se convirtió para Juan María de la Mennais y los Hermanos en “situación ministerial”, es decir: Situación histórica en que Dios se manifiesta y en la que ellos sirven al Dios encarnado en los niños y jóvenes.
Tal como en el relato bíblico, el aula se convierte en Templo, la mesa en altar, el servicio educativo en ministerios encomendado por Dios. En esa “situación ministerial” el educador pasa a actuar como “Representante de Dios” pues es Dios quien lo envía. Este es un tema recurrente para Juan María.
¡Ah! ¡Ojalá no lo olviden! Su obra es bella, santa, porque tiene por objeto no hacer sabios sino santos. Su ministerio es sublime, divino, porque no se proponen únicamente dar a los niños que se les son confiados los cuidados relativos a los intereses de la tierra, sino que son llamados a hacer de estos niños discípulos de Jesucristo, herederos de su reino y de su gloria. Su escuela es un templo en el que se ejercen una de las más augustas funciones del sacerdocio, la de enseñar. Sentados en su cátedra, hablan en nombre de Jesucristo, ocupan su lugar y por consiguiente, no hay nada en común entre ustedes y esos mercenarios para quienes una escuela es un taller de lectura, de escritura o de cálculo y que fabrican instrucción como un carpintero hace muebles”.
Para quien la escuela es un templo, lugar de encuentro con Dios, lo que suceda allí dentro (en las aulas, despachos, patios, pasillos, baños, sala docente, biblioteca, etc) no le es ajeno, tiene un mensaje, allí Dios habla y me quiere hablar.
Para quien la escuela es un templo, buscará a Dios en los más pequeños: niños, marginados, rechazados, ignorados, no valorados, despreciados, solitarios, etc. Porque a ellos se acercaba Jesús y con ellos se identificó.
¿Qué actitudes, valores, acciones nos ayudan a hacer de nuestra escuela, una escuela templo?
Acción:
Elaboramos una frase, un pensamiento, que nos invite a trabajar para hacer de nuestra escuela un lugar donde encontrarse con Dios y la ubicamos en un lugar destacado de la clase.
(Momento para confiar las intenciones).
“Después llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos, lo acarició y les dijo: Quien reciba a uno de estos niños en mi nombre, a mí me recibe. Quien me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me envió”.(Mc 9,36-37)
“Le traían niños para que los tocase y los discípulos los reprendían. Jesús al verlo se enojó y dijo: Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el reino de los cielos pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. Los acariciaba y los bendecía poniendo las manos sobre ellos”.(Mc 10,13-16)
La necesidad del niño es siempre una llamada del Señor para el educador menesiano. Es el Señor quien pide ser acogido en la llamada del niño: “Quien recibe a uno de estos pequeños a mí me recibe y quien me recibe, recibe a aquél que me envió”.
El niño es el pobre, el humilde en el que el Señor quiere ser servido. Ante la pretensión de los apóstoles que buscan sus intereses de gloria y poder, el Señor los llama al servicio de los pequeños.
“Queridos niños, dense prisa en venir con confianza; los llamo en nombre del Señor Jesús, que, durante el tiempo que estuvo en la tierra, los llamaba también con tanta ternura y bondad. Mis pequeños niños, no teman, el Hermano(Los educadores) que va a prodigarles sus cuidados es un segundo padre que la Providencia les da; no descuidará nada para adornar su espíritu de los conocimientos, que más tarde, podrán serles útiles; pero buscará sobre todo, por una dichosa mezcla de dulzura y de firmeza, corregirlos de sus defectos y hacer de ustedes santos; así se santificará él mismo y cumplirá la misión que ha recibido de lo alto, pasará por la tierra haciendo el bien, ignorado de los hombres, no esperando de ellos ni elogios ni recompensas, pero consolado y sostenido por la dulce esperanza de que los niños que él habrá instruido y santificado entrarán un día con él en el seno de Abraham y estarán unidos para siempre en los tabernáculos eternos”.(A. 309-310)
Jesús me cuida y protege, el quiere lo mejor para mí. Hoy le daré gracias por las personas que ha puesto en mi vida para ayudarme a crecer.
Acción:
Dedico un tiempo a rezar por las personas que me ayudan a crecer y a ser feliz.
(Momento para confiar las intenciones).
“No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe! No se inquieten entonces, diciendo:«¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?».Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan”.
La vida de Jesús es una vida totalmente confiada a la misericordia de Dios. Jesús es el Hijo de Dios, que nos enseña que su Padre ama incondicionalmente siempre y en cualquier circunstancia. No hay razones para dudar del amor de Dios. Ese amor que Dios tiene sobre cada uno y sobre la historia toda se llama Providencia.
“Providencia de mi Dios, oh Madre que tantas veces he invocado, y a quien he ofrecido, consagrado, entregado este casa, y cuantos ha reunido en ella tu gracia. Providencia, siempre buena, tan sabia, tan llena de piedad y amor para con tus pobres criaturas, te adoramos, te bendecimos, nos abandonamos en tus manos sin reserva. Haz de nosotros todo lo que quieras. Sólo deseamos cumplir tu voluntad en todo: En las humillaciones y en las grandezas, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte. Providencia de mi Dios, vela sobre tus hijos, afiánzanos, dirígenos. Se tu nuestra defensa, nuestra guía, nuestro consuelo, nuestra alegría y nuestra esperanza. ¡Dios Sólo en el tiempo! ¡Dios Sólo en la eternidad!”.
Al igual que Jesús Juan María, tiene plena confianza en el amor tierno y misericordioso de Dios Padre, él mismo lo ha experimentado en su historia, por ello es capaz de componer esta hermosa oración a la Divina Providencia. Juan María sabe que Dios sólo quiere lo mejor para sus hijos, por eso se confía sin límites a su amor y todo lo que experimenta lo comprende y lo entiende desde una actitud de fe que se abandona totalmente en las manos de Dios.
¿Cómo está nuestra fe? ¿Experimentamos el amor de Dios en nuestras vidas?
Acción:
Nos tomamos un tiempo personal para dialogar con Dios y contarle como estamos, qué sentimos, qué necesitamos. Podemos terminar rezando la oración de Juan María a la Providencia.
(Momento para confiar las intenciones).
“Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: «Quédense aquí, mientras yo voy a orar». Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y a angustiarse. Entonces les dijo: «Mi alma siente una tristeza de muerte. Quédense aquí velando».Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, de ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. Y decía: «Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: «Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? Permanezcan despiertos y oren para no caer en la tentación, porque es espíritu está dispuesto, pero la carne es débil».Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. Volvió por tercera vez y les dijo: «Ahora pueden dormir y descansar. Esto se acabó. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.¡Levántense! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar»”.
La experiencia de Jesús en Getsemaní, es una experiencia de confianza y abandono en la manos de Dios Padre, <ABBA> como le gustaba llamar Jesús a Dios. Jesús en Getsemaní hace experiencia de una vida tentada entre dos llamadas: la de estar volcada a sus propios deseos <aleja de mi este cáliz, este sufrimiento> y la llamada a un salto en el amor y la confianza.
Ahondando en el misterio de Getsemaní Juan María descubre el camino para vencer la tentación, el camino para buscar, gustar el querer de Dios sobre cada uno.
“Jesucristo, nuestro Salvador, nos ha dado Él mismo ejemplo de este abandono total, perfecto, sin reservas. Intentemos imitarlo y cuando él quiera ponernos a su lado en el Huerto de los Olivos, unamos nuestra voz a la suya para decir a Dios: <Padre mío, que se haga tu voluntad y no la mía>”.
Para poder vivir la experiencia de Getsemaní, hay que tener experiencia honda de Dios como Abba: un Dios de entrañas maternas, que ama primero, que acoge siempre, que nos dirige su palabra no para imponernos obligaciones o para denunciar nuestros pecados, sino para alimentarnos y hacernos crecer. Por ello el núcleo más profundo de la experiencia creyente es la resaberse amado por Dios.
¿Cuántas situaciones de dolor y sufrimiento que no comprendemos? Enfermedades, situaciones de violencia, abandono.
Acción:
Como grupo de clase: Pensamos en las personas que están experimentando el dolor, el sufrimiento y necesitan experimentar a Dios como Padre. Rezamos por ella.
(Momento para confiar las intenciones).
“Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer». El respondió: «Denles de comer ustedes mismos». Ellos le dijeron: «Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos». Jesús preguntó: «¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver». Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados». El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres”.
La escuela es un lugar de multiplicación de panes. Allí, los Hermanos, los educadores escuchan y acogen el mandato de Jesús: «Denles de comer ustedes mismos». Juan María ha dejado resonar con fuerza estas palabras de Jesús en su corazón, por eso se ha sentido llamado a dar respuesta al clamor de los niños y padres de su Francia natal.
“Ahora bien, Qué medio emplear para curar este mal, allí donde existe, o para prevenirlo donde no existe todavía? No hay otro, hermanos míos, que buenas escuelas, es decir, escuelas verdaderamente cristianas, piadosos asilos en los que la religión acoge a la infancia, donde ella le distribuye con sus manos divinas el pan de la instrucción, no menos necesario a las almas que el pan material para el cuerpo”.
Para Juan María la misión es una urgencia, nacida de un corazón enternecido por los niños. Ningún niño puede quedar sin pan.
“Dejad vuestro país, vuestra familia; sacrificad todo; id a enseñar a esos niños que piden el pan de la instrucción y que están expuestos a perecer porque no hay nadie que lo rompa y lo distribuya”.
El Señor llama a todos para ser sus colaboradores en la misión: Mostrar su rostro tierno y misericordioso. ¿A mí dónde me está invitando a ser misionero?
Acción:
Rezamos por las personas que han consagrado su vida a la misión, especialmente rezamos por nuestro Hermano Javier y los Hermanos de Indonesia. (Si lo juzgan oportuno, pueden escribir un correo o comunicarse por multimedia con él).
(Momento para confiar las intenciones).
“Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?». Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?». El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo». «Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida». Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: «Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver» ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera”.
¿Quién es mi prójimo? El amor es universal, a todos, pero se expresa en el amor al singular, al cercano. El prójimo en mi escuela son los niños. Es la parte de herencia que le ha tocado en este reparto de tesoros. Es el Señor quien lo ha unido con lazo estrecho a ellos, por vocación. Es en ellos que debe expresar todo su amor. Es a ellos a los que debe curar, vendar, montar en su cabalgadura, llevar a la posada. El niño es el prójimo del educador menesiano por vocación
“Y en cuanto a la caridad hacia el prójimo, los niños ¿no son nuestro prójimo más aún que los otros hombres? ¿No es sobre todo hacia ellos que estamos obligados a cumplir con toda perfección el precepto del amor de los socorros mutuos… que Jesucristo impone a todos los cristianos?”.
A la escuela la construimos entre todos, mis relaciones sanan y ayudan a crecer a los demás o les hace daño. Cada uno es responsable del vínculo y el lazo que genera. ¿Eres buen Samaritano?
Acción:
Pensamos como clase: ¿Qué lazos, relaciones debemos mejorar para construir una ambiente de clase más acogedor?
(Momento para confiar las intenciones).
Causa de Beatificación, Juan María - 29 de agosto de 2011 -
“No se olviden de rezar por los niños que les son confiados y en especial por aquellos que por sus defectos les dan más inquietud y molestia.” (RFIC )
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