Dios nos sueña como hijos. Dios quiere ver en cada uno de nosotros los rasgos de Jesús. No hay duda que con nuestras solas fuerzas el ideal nos sobrepasa.
Pero, sabemos que el que llama es Él. Nosotros nos disponemos para dejarnos transformar por su mirada llena de ternura, que ve bondad donde nosotros solo vemos nuestras limitaciones.
Por eso, nuestro Hermano Juan Alberto, continuando con su camino de preparación a la Profesión Perpetua, realizó una experiencia de retiro durante un mes.
Él nos cuenta algo de sus vivencias.
Sigamos rezando por su entrega, y pidamos por otros jóvenes, para que arriesguen a dejarse cuestionar por Dios.
Gracias Hermano, porque con tu sí, reafirmamos el nuestro.
Es un poco difícil compartir la experiencia del mes ignaciano que hace una semana finalicé. Y eso porque por un lado uno no encuentra las palabras adecuadas para expresar, con claridad, lo que allí se vive; y por el otro es todo tan sencillo y simple que se puede y se vive en lo cotidiano. Así que lo que sigue es un intento a compartir con vos esta experiencia que me ha sido tan significativa.
El día 06 de febrero comencé el retiro ignaciano, como preparación próxima a los votos perpetuos. No estaba solo también 12 seminaristas del noreste argentino y dos religiosas se sumaron a la invitación que los sacerdotes jesuitas de Mendoza ofrecieron para hacer los “Ejercicios Espirituales”, en su casa de Agrelo (muy cerca de nuestra casa de retiros y convivencias). Confieso que iba con cierto temor – miedo y preguntas: ¡¡¡Un mes en silencio!!! ¿Lo aguantaré? ¿Qué será esto de “ejercicios espirituales”? ¿Cómo van a hacer mis hermanos si está empezando el año y quedan muchas cosas por hacer en el colegio antes de comenzar? Éstas y muchas preguntas más me llenaban el corazón y la cabeza. Y a lo largo del mes las preguntas fueron cambiando ¿Qué quieres de mí? ¿Dónde quieres que te sirva y te ame? ¿Estarás tú conmigo sabiendo que yo a veces no estoy contigo?, ¿Cómo te pagaré todo el bien que me hiciste? Como ven fue un mes intenso: con duros momentos al principio y luego con etapas llenas de alegría, consuelo y confirmación en el sueño que Dios quiere compartir y vivir conmigo: ser Hermano, como Jesús, en medio de los niños y los jóvenes. Y así, en el mes, “don silencio” pasó a ser amigo que ayuda a afinar el oído a lo que Dios va diciéndole a uno en lo que siente; en lo que vive; en lo que reza; en lo que anhela y desea e incluso en lo que teme y duda.
Desde el inicio del retiro unas palabras de Jesús, que están en el evangelio de Juan me han acompañado. Palabras que resumen mi “experiencia de ejercicios espirituales”:
“Si se mantienen en mi Palabra serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la Verdad y la Verdad los hará libres” (Jn. 8, 31b-32). Ha sido una experiencia muy bonita, clarificadora y liberadora que recomiendo a todos. Uno vuelve a lo cotidiano con muchas llamadas concretas para seguir trabajando y ordenando; y con la certeza del sueño que Dios quiere para mí, para que siguiéndolo lo ame y su vida se derrame en abundancia a favor de todos, como bien diría Juan María, para ser “instrumentos de su misericordia… tanto y cuanto lo permita la humana debilidad”.
También durante el mes experimente qué significa la comunión de los santos y estar rodeado de Hermanos. Sentí la presencia de todos: mis Hermanos, mi familia, las comunidades, de todos los que rezaban para que el retiro fuera un tiempo de gracia y encuentro profundo con Jesús en mi vida. ¡Gracias porque sus oraciones me han sostenido, acompañado y animado!
Les pido que sigan y sigamos todos rezando para que, con oídos atentos, podamos escuchar al Maestro en las llamadas de lo cotidiano, que se dan en el patio, en el aula, en la familia, en el trabajo, en los estudios, en lo que deseamos, en lo que sufrimos, en lo que buscamos, en fin, en lo que resuena en lo profundo de nuestro corazón.
¡Gracias a los que hicieron posible que, comenzando el año escolar y cargándose con trabajo extra, pudiese hacer esta experiencia de retiro! ¡Gracias Benito, Juan, Francisco y Ricardo por el aguante y la fraternidad! ¿Cómo les pagaré todo el bien que me han hecho?
¡Ojala que todos podamos darnos un tiempo para hacer silencio y así abrir “los oídos del corazón, para recibir su santa palabra… Escucharé lo que me dice el Señor”!, como dice Juan María, sobre todo en lo cotidiano. Es lo que le pido a Jesús para mí y para todos. Vos ¿te animás a intentarlo?
Un abrazo grande y gracias nuevamente por la presencia y la oración.
Hno. Juan Alberto
Profesión religiosa, Vocacional - 18 de marzo de 2009 -
“...evitando las contiendas, las rivalidades, las secretas envidias, las palabras de burla, todo lo que hiere, todo lo que divide y altera la caridad.” (Regla de 1835)
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